LIDERAZGO MÉDICO

Gustavo García Rangel: la traumatología que escucha antes de operar

El presidente de la Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología habla de decisiones difíciles, complicaciones reales y una medicina que vuelve a mirar al paciente antes que a la imagen.

“Somos humanos y estamos operando a seres humanos.”

Dr. Gustavo García Rangel

Perfil elaborado a partir de su conversación en Post Guardia

Un paciente entra al consultorio con una resonancia en la mano. Antes de explicar dónde le duele, entrega el informe. La escena es cada vez más frecuente: la imagen llega primero y la historia queda en segundo plano. Para el Dr. Gustavo García Rangel, cirujano ortopédico reconstructivo de cadera y rodilla y presidente de la Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología, ese orden debe invertirse. La medicina comienza con una conversación, continúa con un examen cuidadoso y solo entonces se apoya en la tecnología.

Esa idea atraviesa su manera de ejercer y también su visión de liderazgo: un diagnóstico no puede reducirse a un reporte, una cirugía técnicamente perfecta no garantiza un paciente satisfecho y un cargo gremial no convierte al médico en una figura infalible. Humanizar, en su caso, no significa suavizar la medicina. Significa practicarla con más rigor, más honestidad y más capacidad de escuchar.

El paciente no es una resonancia

García Rangel insiste en algo elemental que la velocidad de la práctica y las redes sociales pueden hacer olvidar: no se examina igual a una persona de 30 años que a una de 60, aunque ambas lleguen con hallazgos parecidos. Importan la edad, el inicio del dolor, la forma en que apareció, las limitaciones cotidianas y la manera en que ese síntoma ha cambiado la vida del paciente.

La radiología es una aliada decisiva, pero necesita contexto. Una solicitud vaga puede dejar al radiólogo sin la orientación clínica necesaria; una orden bien dirigida puede cambiar la forma de estudiar una articulación y de interpretar un hallazgo. Por eso defiende un vínculo más cercano entre traumatólogos, radiólogos y técnicos: no como una cortesía entre especialidades, sino como una condición para tomar mejores decisiones.

Su mensaje es directo: no se debe operar una imagen sin escuchar al paciente. Una resonancia puede mostrar desgaste, alteraciones meniscales o cambios degenerativos y, aun así, no explicar por sí sola la intensidad del dolor. También puede ocurrir lo contrario: una imagen aparentemente poco llamativa puede contener el detalle que sí se corresponde con la clínica. Entre esos dos extremos está el juicio médico.

La cirugía comienza mucho antes del quirófano

Cuando una prótesis se ve perfectamente alineada, pero el paciente continúa con dolor, la respuesta no siempre está en la radiografía posoperatoria. García Rangel mira hacia atrás: a la selección del paciente, sus expectativas, su nivel de dolor previo, su marcha, la condición de la columna, el apoyo del pie, su entorno y su capacidad para atravesar la rehabilitación. La respuesta, explica, muchas veces estaba en el preoperatorio.

En esa evaluación hay una pregunta que rara vez cabe en una imagen: ¿qué espera recuperar realmente esta persona? Para muchos adultos mayores, el objetivo no es una medición perfecta, sino conservar la independencia. Volver a caminar, atender sus plantas, arrodillarse en la iglesia o desenvolverse sin ayuda puede pesar más que cualquier parámetro técnico. Por eso una cirugía exitosa desde el punto de vista médico puede sentirse insuficiente si nadie conversó antes sobre los límites y el proceso de recuperación.

García Rangel no promete perfección. Prefiere una conversación más incómoda, pero también más honesta: el paciente puede estar mejor sin quedar exactamente como estaba años atrás. Decirlo antes de operar no reduce la esperanza; la coloca en un terreno real y compartido.

El quirófano no es Instagram

Su crítica a la medicina exhibida en redes no apunta contra la divulgación, sino contra la apariencia de resultados inmediatos y sin consecuencias. Mostrar a un paciente caminando al día siguiente de una cirugía puede ser llamativo, pero no cuenta la historia completa. Para él, el seguimiento a dos o tres años, la trazabilidad de los casos y la revisión de las complicaciones dicen mucho más sobre la práctica de un cirujano.

Aquí establece una diferencia exigente: operar mucho no basta. El cirujano debe saber dónde están sus pacientes, cómo evolucionaron, qué complicaciones aparecieron y qué aprendió de ellas. La experiencia no se demuestra solo con una cifra o una publicación; se construye al asumir responsabilidad por el resultado completo.

Esa convicción lo llevó a impulsar discusiones clínicas centradas no en el caso perfecto, sino en el caso que falló. La lógica es sencilla y, al mismo tiempo, valiente: presentar el error, explicar cómo se intentó resolver y pedir ayuda si la respuesta todavía no está clara. Cuando el fracaso deja de esconderse, la complicación se transforma en aprendizaje colectivo.

Liderar sin esconder la vulnerabilidad

Desde la presidencia de la SVCOT, García Rangel quiere acercar a generaciones y reducir la distancia que durante años impusieron los egos profesionales. Su apuesta es crear espacios donde los especialistas con más trayectoria también muestren sus dudas, sus errores y la forma en que pidieron apoyo. Para un médico joven, ver esa vulnerabilidad no disminuye al referente; lo vuelve creíble y le enseña que la seguridad clínica también incluye reconocer los propios límites.

En su agenda profesional, el trabajo multidisciplinario no es una frase decorativa. El traumatólogo necesita al radiólogo, al anestesiólogo, al fisiatra, al fisioterapeuta, al especialista en dolor y a otros colegas capaces de observar lo que él no ve. La medicina se vuelve más segura cuando la consulta entre pares deja de entenderse como debilidad.

Esa forma de liderazgo se aleja de la figura del presidente que habla desde un pedestal. Se parece más a la del cirujano que abre la discusión, se deja cuestionar y recuerda que detrás de cada placa, cada prótesis y cada estadística hay una persona con miedo, expectativas y una vida que desea recuperar.

Volver a lo esencial

A lo largo de la conversación, García Rangel regresa a una misma certeza: la medicina venezolana conserva una calidez que no debe perderse. Pero esa humanidad necesita protegerse de la prisa, de la fascinación por la imagen perfecta y de la necesidad de parecer infalibles.

Escuchar antes de pedir un estudio. Explicar antes de operar. Acompañar después de la cirugía. Revisar las complicaciones. Trabajar con otros. Son gestos clínicos, pero también una declaración sobre el tipo de sociedad científica que quiere dirigir.

“Se opera cuando se necesita.”

Una frase breve que resume una visión completa: primero está el paciente; después, todo lo demás.