Hablar de ultrasonido en Venezuela es, inevitablemente, hablar de evolución, compromiso y vocación. Pero detrás de los avances tecnológicos, de las jornadas científicas y del crecimiento del gremio, hay historias profundamente humanas que pocas veces se cuentan.
La presidenta de la Asociación Venezolana de Ultrasonido (AVUM) no solo es una referencia en el campo médico. Es, ante todo, una mujer que ha aprendido a equilibrar la vida, a sostenerse en medio de la presión y a encontrar en su profesión una forma de sanar, incluso, sus propios momentos difíciles.
Una vocación que nació con ella
Hay quienes descubren la medicina. Y hay quienes, como ella, sienten que nacieron para ejercerla.
Desde sus años de bachillerato, su inclinación por la biología y las ciencias era evidente. No hubo dudas ni caminos alternativos: todas sus opciones universitarias apuntaban a la medicina. Y hoy lo reafirma sin titubeos: si volviera a nacer, volvería a ser médica.
Esa claridad de propósito es la base de una carrera construida con disciplina, pero también con pasión.
La medicina que marca… y transforma
Como muchos médicos en Venezuela, su formación estuvo marcada por experiencias intensas. Guardias interminables, emergencias impactantes y decisiones que definen la vida o la muerte.
Casos extremos —como pacientes politraumatizados o víctimas de violencia— no solo dejaron huella profesional, sino personal. Le enseñaron algo que hoy guía su ejercicio: la atención oportuna puede ser la diferencia entre salvar una vida o perderla.
Ese aprendizaje trasciende lo clínico. Se convierte en una forma de ver la vida.
De los partos al ultrasonido: cuando la vida cambia el rumbo
Curiosamente, su camino no siempre estuvo ligado al ultrasonido. Durante sus años de formación, pensaba dedicarse a la ginecología. Incluso llegó a atender partos antes de ver formalmente la materia.
Pero la vida —y la medicina— tienen sus propios giros.
Terminó encontrando su lugar en el ultrasonido, un área que en su momento le parecía compleja, casi incomprensible. Hoy, lidera uno de los gremios más importantes del país en esta especialidad, siendo testigo directo de su evolución tecnológica.
La tecnología… y la emoción detrás de la pantalla
Para ella, el avance del ultrasonido en Venezuela ha sido radical. De equipos básicos a imágenes cada vez más precisas, en tiempo real, con un nivel de detalle que hace dos décadas parecía imposible.
Pero más allá de la tecnología, lo que realmente la apasiona es lo que representa: la posibilidad de ver, entender y anticipar la vida.
Incluso se atreve a imaginar un futuro cercano donde los diagnósticos sean tan precisos que detalles como el color de los ojos de un bebé puedan identificarse antes de nacer.
El equilibrio imperfecto: familia, medicina y gremio
Si hay algo que define su historia, es la búsqueda constante de equilibrio.
No es fácil —lo dice sin rodeos—. La familia, el trabajo, la responsabilidad gremial, la vida personal… todo exige tiempo y energía.
Sin embargo, ha encontrado una forma muy personal de sostenerse: el trabajo gremial no es una carga, es su escape. Es su espacio para drenar tensiones, para reencontrarse, para hacer “catarsis” en medio de la presión diaria.
Y cuando la balanza se inclina demasiado, hace lo contrario: se detiene y regresa a su familia.
Un consejo que lo cambia todo
Hay una frase que la acompaña desde sus años de formación y que, de alguna manera, resume su forma de vivir:
Nunca pongas tu profesión por encima de tu familia.
Ese consejo, recibido de un profesor que marcó su vida, se convirtió en su brújula. Porque entiende algo que muchos profesionales descubren tarde: el éxito sin equilibrio puede dejar vacío.
En un país donde ejercer la medicina implica retos constantes, historias como la suya recuerdan algo esencial: detrás de cada especialista, de cada líder gremial, hay una persona que siente, duda, aprende y se reconstruye.
Humanizar el ultrasonido en Venezuela también es esto.
Entender que la tecnología avanza, pero son las personas quienes le dan sentido.
Y que, al final, el verdadero impacto no está solo en las imágenes que se ven en una pantalla, sino en las vidas que se tocan a través de ellas.