«Si vuelvo a nacer, vuelvo a hacer exactamente lo mismo.»


El Dr. Mogollón es cardiólogo, internista y un apasionado de la imagenología cardiovascular. Nació en Maracaibo, creció en una familia humilde de nueve hermanos y se graduó de médico en medio de huelgas universitarias y dificultades económicas.

Hoy, con más de 20 años de trayectoria, es jefe de residentes en una clínica privada en Caracas, recorre el mundo actualizándose y es un referente en el área cardiometabólica. Y aunque domina la tecnología más avanzada —incluyendo inteligencia artificial en ecocardiografía—, insiste en una idea que repite como mantra:

«La tecnología no es mala, pero tienes que saberla aplicar. Siempre.»


Un comienzo humilde y una vocación forjada en el hospital público

El Dr. Mogollón no tuvo el camino fácil. Hijo de una familia de nueve hermanos, creció en un campo petrolero de la antigua PDVSA, donde el acceso a la educación y la salud era gratuito. «Con eso mi padre se bandeaba», recuerda.

Su primer destino como médico fue el hospital de Carúpano, un hospital tipo 3 donde atendía emergencias con recursos limitados. Allí vio cosas que creía que solo existían en los libros de texto: presiones arteriales de 260 mmHg, tétanos, Guillain-Barré. Y también puso su primer trombolítico en un infarto, bajo la supervisión de un cardiólogo.

«En Carúpano vi las cosas que nunca he visto. Y ahí me incliné muchísimo más a cardiología.»

Luego vino el Hospital Vargas de Caracas, donde hizo Medicina Interna y luego Cardiología. «El primer año de Medicina Interna no se veía el sol. Se veía 365 días al año.»


El médico venezolano: cercano, humano y conectado

El Dr. Mogollón ha recorrido el mundo y ha visto cómo se ejerce la medicina en otros países. Pero hay algo que, según él, distingue al médico venezolano:

«Tu paciente tiene tu WhatsApp. Y el paciente se siente confiado cuando el médico le responde su WhatsApp. En Estados Unidos a veces ni conoces a tu médico de cabecera. En Europa, a veces no lo ves en cinco o seis meses.»

Esta cercanía, esta conexión humana, es lo que hace diferente al médico venezolano. Y es también lo que, según él, la inteligencia artificial jamás podrá reemplazar:

«La inteligencia artificial jamás va a superar que tengas que tocar, palpar, percutir, escuchar al paciente y llegar al diagnóstico.»


Tecnología de punta, pero con los pies en la tierra

El Dr. Mogollón es un amante de la tecnología. Usa equipos de alta gama en imagenología cardíaca y reconoce que la inteligencia artificial ha hecho la medicina más precisa y rápida. Pero también advierte:

«Los equipos te dicen que pusiste mal el transductor. Pero si pasas data mala a la IA, el resultado va a ser malo. Tienes que verificar, palpar, tocar al paciente y escucharlo.»

Para él, la tecnología es una herramienta, no un reemplazo. Y el médico debe estar siempre actualizado, porque la cardiología que aprendió hace 20 años ya no es la misma.

«La cardiología que yo aprendí hoy en día ha cambiado bastante. La tecnología la ha cambiado bastante.»


Un mensaje para las nuevas generaciones

Si pudiera hablarle al niño maracucho que viajaba en transporte público mientras sus compañeros iban en carro, el Dr. Mogollón le diría:

«Sigue adelante. No te pares. Cumple tus sueños.»

Y si tuviera que dar un consejo a los residentes que hoy lo tienen como jefe, querría que lo recordaran como alguien exigente, pero también humano. Porque al final, la medicina es vocación, y la vocación se entrega con pasión.


Lo que el Dr. Mogollón nos deja

  • La medicina no se aprende solo en los libros. Se aprende en la emergencia, en el contacto con el paciente, en la calle.

  • La tecnología es una aliada, pero no reemplaza el juicio clínico.

  • El médico venezolano tiene una cualidad única: la cercanía humana.

  • El aprendizaje nunca termina. Y el que dice que ya sabe todo, dejó de crecer.


El Dr. Mogollón lo resume así:

«Si vuelvo a hacer, vuelvo a hacer exactamente lo mismo. Medicina, medicina interna en el mismo hospital. Cardiología en el mismo hospital. Y nada. Todos los días se aprenden cosas nuevas.»