En Hospitalar celebramos la trayectoria de quienes han dedicado su vida a la medicina con pasión, entrega y una mirada siempre hacia la innovación. Hoy queremos compartir la historia del Dr. Iabichino, un médico venezolano con más de tres décadas de experiencia, cuyo camino ha estado marcado por el amor a su profesión, la formación de nuevas generaciones y la fascinación por los avances tecnológicos en el ultrasonido.
Conversamos con él sobre sus inicios, sus recuerdos más significativos y cómo la tecnología ha transformado su especialidad a lo largo de los años.
📜 Los inicios: de la Universidad de Carabobo al posgrado de ultrasonido
El Dr. Iabiccino estudió medicina en la Universidad de Carabobo y se graduó hace 33 años. Con un sentido del humor que lo caracteriza, bromea diciendo que eso fue «por allá por los años 1600», pero lo cierto es que su carrera ha sido testigo de una de las épocas de mayor evolución en la historia de la medicina.
Luego de una residencia asistencial en el Hospital Militar, tomó una decisión que marcaría su futuro: ingresar al posgrado de ultrasonido que ofrecía la Universidad Experimental de los Llanos Rómulo Gallegos. En ese momento, era un área poco conocida, pero él vio en ella una oportunidad única.
“Era un posgrado muy nuevo, muy novedoso. Me emocioné y me quedé. Hasta el sol de hoy”, recuerda con una sonrisa.
👩⚕️ Una prima, una hermana, una guía
Detrás de su vocación también hay una inspiración familiar: una prima hermana, también médica ginecóloga, fue quien lo impulsó a estudiar medicina y a especializarse en ultrasonido. Con ella compartió sus primeras guardias en el hospital de Cagua, mucho antes de recibirse.
“Ella era más hermana que prima. Me crié con ella y fue una de las personas que me motivó a seguir este camino”, nos cuenta.
🚑 La primera guardia que nunca se olvida
Su primera guardia como médico la vivió en el hospital de La Victoria. Esa noche llegó un accidente de tránsito con múltiples víctimas. La experiencia fue tan intensa que lo marcó profundamente.
“Llegué a mi casa realmente cansado, tocado por todo lo que vi y viví. Fue un momento que no olvido”, confiesa.
Esa noche le recordó la fragilidad de la vida y la enorme responsabilidad que implica ser médico.
Risas que sanan: el lado humano de la consulta
El Dr. Iabiccino no es de esos médicos distantes. Él prefiere tratar a sus pacientes como amigos, y eso genera un ambiente de confianza que, en más de una ocasión, ha tenido resultados sorprendentes.
Recuerda con especial cariño a una paciente que llegó muy nerviosa para atender su parto. Entre risas y bromas, logró que se relajara tanto que “ni cuenta se dio que había parido”.
“Los pacientes siempre me hacen reír, y yo también los hago reír a ellos. Eso es parte de mi forma de ejercer la medicina”, afirma.
Un legado que trasciende: formar nuevas generaciones
El Dr. Iabiccino tiene claro que la medicina no termina en uno mismo. Por eso, junto a colegas como la Dra. Sandra Payar y el Dr. Gerardo Salamare, está enfocado en formar a las nuevas generaciones de especialistas en ultrasonido.
“No se trata de que digan ‘eso es lo que hay’. Se trata de darles paso, de que amen lo que hacen y que asistan a congresos, porque ahí es donde se adquiere información actualizada”, reflexiona.
Y reconoce con gratitud a su gran mentor: el Dr. Carlos Capote, quien fue su coordinador de posgrado y una guía fundamental en su formación.
La tecnología: un salto imparable
Cuando le preguntamos cómo ha visto evolucionar la tecnología en los últimos años, su respuesta fue contundente: muchísimo. Y lo que más le impacta no es solo el cambio, sino la velocidad con la que ocurre.
“En ultrasonido, los avances han sido a pasos agigantados. Y esto no lo para nadie. Hay cosas fabulosas también en otras áreas de la imagenología”, comenta con entusiasmo.
Hoy, equipos de alta definición, inteligencia artificial y nuevas técnicas diagnósticas permiten lo que hace tres décadas parecía imposible. Y el Dr. Iabichino ha sabido adaptarse y crecer con cada uno de esos cambios.
Fuera del consultorio: pasta, whisky y milhoja
Cuando no está frente a un ecógrafo, el Dr. Iabiccino disfruta de los placeres simples de la vida: una buena pasta, un whisky de calidad y, de postre, una milhoja. Fiel a sus raíces italianas, la comida sigue siendo un espacio de conexión y disfrute.
En Hospitalar, valoramos profundamente a médicos como el Dr. Iabichino, que combinan experiencia, calidez humana y apertura a la innovación tecnológica. Su historia nos recuerda que la medicina avanza, pero el corazón con la que se ejerce sigue siendo el mismo.
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